La realidad en la que vivimos hoy se parece mucho a una escuela, con todos teniendo que demostrar constantemente nuestro nivel de calificación y preparación, eso si no queremos quedarnos atrás. Sin embargo, y de forma casi irónica, cada vez parece más que los temas de interés en las empresas y en los pupitres están desconectados. El sistema educativo no dialoga con el mercado laboral y sus necesidades, y esto afecta tanto a profesionales como a empresas. De hecho, la mayoría de estudios actuales muestra que la automatización está provocando un cambio en los perfiles de los trabajadores, que exige un cambio profundo en el sistema de educación.

Según datos internacionales, 7 de cada 10 grandes empresas tiene problemas para cubrir los puestos de trabajo ofertados.

Y esto sucede alrededor de todo el globo. Una reciente encuesta de ManpowerGroup, revela que el 43% de los empleadores peruanos no puede encontrar las habilidades que está buscando. De forma similar, el 72% de las grandes compañías españolas manifiesta tener dificultades para cubrir los puestos de trabajo que oferta, según un informe del IESE Business School. Estudios como estos evidencian las carencias que la educación moderna presenta.

María Luisa Blázquez, una de las responsables del trabajo citado de la IESE, explica que “muchas empresas echan de menos perfiles con capacidad de comunicación, hay un exceso de matriculados en ciencias sociales y faltan carreras STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas]”. Por otro lado, el caso peruano muestra un desequilibrio similar. El 22% de los empleadores peruanos piensa que los aplicantes carecen ya sea de las habilidades duras o de las fortalezas humanas que ellos necesitan para sus puestos de trabajo.

¿Por qué los empleadores no encuentran el talento que necesitan?

Casi un tercio de los empleadores afirma que la falta de experiencia de los candidatos constituye la razón principal por la que no pueden cubrir los puestos vacantes. A medida que las empresas se digitalizan, automatizan y transforman, resulta más importante que nunca encontrar la combinación correcta entre habilidades técnicas y fortalezas humanas. Sin embargo, el 22% de los empleadores peruanos piensa que los solicitantes carecen de las habilidades duras o de las fortalezas humanas necesarias.

A nivel global, más de la mitad (56%) de los empleadores opina que las fortalezas humanas más valoradas son las habilidades de comunicación, escritas y verbales, seguidas por la capacidad de colaboración y la de resolución de problemas. El enfoque en el servicio al cliente en básicamente todas las industrias implica tener la combinación de habilidades adecuadas. Los representantes de ventas deben contar con gran conocimiento sobre el producto, influencia y gestión de relaciones, así como saber utilizar herramientas digitales de análisis e inventario, mientras que las funciones de TI requieren de capacidades técnicas, además de las referentes a gestión de personal y fuertes habilidades de comunicación.

Las consecuencias para nuestra productividad

En el 2019, el Perú retrocedió dos posiciones en el Ranking Global de Competitividad que elabora anualmente el Foro Económico Mundial, cayendo de la ubicación 63 a la 65. Cabe indicar que el año anterior el país también había caído en tres posiciones del puesto 60 al 63. Lo que llama la atención es que nuestro país aparece notoriamente rezagado, por debajo de la ubicación 100 (de 141 países), en el indicador de pensamiento crítico en la enseñanza, lo cual confirma este problema. Asimismo, se observa una caída en otros indicadores ligados a la productividad, como el tiempo para iniciar un negocio, el crecimiento de empresas innovadoras, entre otros. Todo esto nos ayuda a entender por qué las empresas buscan talento pero solo encuentran ausencia.

“En el planeta digital necesitamos personas con una rápida capacidad de aprendizaje y que aún sean más rápidas olvidando lo aprendido si esto se convierte en un inhibidor para aceptar lo nuevo”, cuenta por correo electrónico Francisco Pérez Botello, consejero delegado de Volkswagen. Una firma que compite en un sector azotado por el viento de las tecnologías radicales.

Pero entonces ¿cómo debemos formarnos hoy en día?

Aquí surge un conflicto importante en el sector educativo, pues los profesionales de la enseñanza, y de muchos otros rubros también, defienden que no deberían ser los intereses de las empresas los encargados de construir la agenda educativa de un país.

“Los jóvenes no tienen que formarse para ser empleados sino para ser capaces de desarrollar en la sociedad sus mejores dotes creativas”, argumenta el filósofo Fernando Savater. “Está bien que tengan en mente las posibles salidas laborales, pero no que se esclavicen al mito de lo más práctico y renuncien por él a su curiosidad y su vocación”.

Esta es definitivamente una idea difícil de contra argumentar; sin embargo, incluso estando de acuerdo con ella, no podemos ignorar el hecho de que la mayoría de datos muestran que los profesionales menores de 25 años tienen cada vez una mayor tasa media de paralización laboral. Tal vez la respuesta puede aparecer si buscamos otras miradas.

“A mis alumnos jóvenes suelo aconsejarles que, si tienen una vocación fortísima por una actividad, la sigan sin pensar en condiciones económicas, pero si no es así —algo que ocurre en la mayoría de los casos— que piensen en las posibilidades de empleo”, recomienda el pedagogo José Antonio Marina. Pues el mundo cada vez es más competitivo, hosco y exigente. “Los robots y los algoritmos son básicos en el trabajo y los empleados y las empresas están intentando averiguar cómo afrontar estas 12 tareas de Hércules. Pero hay un cambio esencial. Pasamos del aprendizaje durante toda la vida a la empleabilidad durante toda la existencia”, apunta Leo Cano, fundador de BrainLang, una startup que defiende el valor de la enseñanza del inglés a lo largo del tiempo.

Un nuevo mercado requiere nuevos modelos de empleo

Las posibles respuestas son múltiples y complejas, pero lo que es claro es el panorama. Nos encontramos en una realidad donde la humanidad está en plena transición hacia un nuevo mundo laboral. Las plataformas de trabajo digitales, por ejemplo, tienen un enorme poder de cambio. Las nuevas tecnologías automatizan buena parte de los puestos y tareas. Es algo sin precedentes que trae cosas buenas y cosas malas.

Por el lado bueno, se hace una realidad posible. Un escenario donde pierden peso los horarios, la ubicación física y gana espacio una sociedad que quiere trabajar menos horas y que reivindica que el tiempo libre es la condición básica de la libertad. Después de todo, si la mayoría del trabajo está automatizado, ¿por qué los trabajadores no van a tener más horas de ocio?

Por el lado más negativo, aumentan las formas de empleo no convencionales (autónomos, teletrabajo, plataformas de economía bajo demanda), las empresas externalizan o tercerizan más tareas que nunca antes, mientras surgen estructuras digitales que intermedian entre la oferta y la demanda de talento. Todo en el marco de una competición global.

Y cabe resaltar que apenas estamos en el comienzo. Solo entre un 1% y un 3% de la fuerza laboral genera sus ingresos mediante plataformas digitales.

Nuevos empleos, nuevas habilidades

Si bien la nueva realidad es aún muy desconocida, poco a poco vemos más de los cambios que nos trae. Encontramos un mercado repleto de microtrabajadores en plataformas que ofrecen pequeñas tareas online (Amazon Mechanical Turk) junto a empleados bajo demanda (gig workers) que conducen o pedalean en Uber o Glovo. A su vez, existe recorrido para otros puestos. Por ejemplo, de cuello azul (CornerJob, Job Today) o de cuello blanco muy especializado (UpWork, Freelancer, Toptal o GLG). “Este tipo de redes profesionales aumentará con fuerza”, anticipa Vicente de los Ríos, profesor en la escuela de negocios.

Lo que es claro es que competir dentro de este nuevo entorno requiere fuertemente del desarrollo de habilidades más humanas, conocidas tradicionalmente como habilidades blandas; así como de una constante y permanente educación enfocada en la especialización y la actualización hacia los nuevos conocimientos, tecnologías y exigencias que el entorno actual presenta.

Tyler Cowen, profesor de Economía en la Universidad George Mason de Virginia, advierte sobre la lentitud del sistema educativo para “responder a cambios trascendentales”, haciendo que sea clave que las propias personas sean las que busquen plataformas y modelos educativos con propuestas de transformación nuevas y que entiendan las condiciones de esta nueva realidad.

El ser humano ha tardado décadas en adaptarse a las grandes transformaciones, entre el fracaso y el acierto, pero hoy no contamos con ese tiempo, hoy debemos ser tan veloces como nuestro entorno. ¿Abrazaremos el cambio tecnológico o lo rechazaremos? La respuesta está en cada uno de nosotros.

“Para las personas, el apetito por aprender y el continuo mejoramiento de sus habilidades será la ruta hacia una mejor seguridad laboral”
Jonas Prising, Chairman & CEO ManpowerGroup

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